Un año después de que la ministra Salgado anunciara luz al final del tunel, la economía sigue en una profunda crisis.
Cuando el 6 de mayo de 2009, la ministra de Economía, Elena Salgado, se aventuró a hablar de brotes verdes en la economía española no se pudo imaginar que esa metáfora traería cola, que un pronóstico alentador dejaría paso a un nuevo desatino del Ejecutivo de imposible cumplimiento. Los «greenshots» que días antes viera el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, en la economía estadounidense, no han llegado a España doce meses después del atrevido anuncio; se han quedado sólo en brotes verdes fritos.
Fritos o… achicharrados después de una semana en la que los rumores sobre la posibilidad de que España necesitara de préstamos del Fondo Monetario Internacional para rescatar la economía —280.000 millones de euros— y los comentarios desmentidos sobre una rebaja del rating español por parte de Fitch y Moody’s provocaran una estrepitosa caída en los mercados, que obligó al presidente del Gobierno a salir a la palestra a desmentir «un despropósito descomunal», «una auténtica locura», a intentar poner coto al pánico al contagio griego, que castigó el euro y hundió las bolsas europeas, las de Asia y Estados Unidos. El riesgo país de España repuntó hasta los 170 puntos básicos y los CDS se situaron cerca de máximos históricos.
Los rumores, rumores son, pero el runrún ha vuelto a minar la débil credibilidad que tiene la economía española y el presidente Zapatero, un gobernante que a ojos de los analistas está paralizado mientras es pasto de la especulación que, activamente, alimenta la prensa internacional y que, sin pudor, apunta a España como la próxima economía en caer tras la griega.
La cruda realidad
La falta de un proyecto de futuro es lo que realmente parece estar detrás del castigo infligido, pero Zapatero sigue con el cuento de la lechera, el mismo que en febrero defendió en Davos, el que tiene como argumento que hay que atenerse a los «hechos» y no a los «pronósticos». Y ateniéndose a esos «hechos», el presidente del Gobierno cree que hay indicios suficientes que confirman una salida de la crisis.
Que la economía ha salido de la recesión es un hecho que constató el Banco de España el pasado viernes tras avanzar un crecimiento del 0,1% en el primer trimestre. Pero de ahí a salir de la profunda crisis, hay un trecho. ZP vuelve a apoyarse en unos muy tímidos brotes verdes que habrá que ver en qué quedan, si alejan los peligros de estancamiento, el principal reto en estos momentos.
Pero ¿cuál es la realidad económica a día de hoy? ¿Qué ha ocurrido un año después de que Salgado anunciara brotes verdes para la economía? Los «hechos» y no los «pronósticos» son los que han llevado a la economía española a peor. Tímidamente, España entra en la recuperación, pero la destrucción de empleo y el aumento del paro son alarmantes, la morosidad galopante, las compuertas del crédito siguen sin abrirse y las reformas, durmiendo el sueño de los justos, pendientes. No hay prisa ni para los sectores financieros y energéticos, ni para el mercado laboral, éste último a merced de unos acuerdos entre sindicatos y empresarios que no llegan; siguen en lista de espera dos años después.
Y si se repasan las cifras, un año después de que se anunciara la llegada de brotes verdes, cantan. El número de parados camina irremediablemente hacia los cinco millones, la tasa sobre población activa es del 20%, el déficit público roza el 12% del PIB y los últimos datos de Contabilidad Nacional conocidos —último trimestre de 2009— situaron la caída del crecimiento en el 3,6%. Cierto es que la deuda española está veinte puntos por debajo de la media europea y el pago de intereses a acreedores representa el 2% del PIB frente al 3% de Francia y Alemania, pero cierto es también que el déficit público español es el único que sigue desbocado en la zona euro y este año se situará por encima del griego.
A las puertas del abismo
A día de hoy, España es una de las economías más débiles del G-20, pese a que Zapatero no haya perdido la esperanza e insista en que ha comenzado el despegue. Delicada es la situación económica, que amenaza con llevar a España a las puertas del abismo, en el que ya ha entrado Grecia. Y aunque obvio es que España no es Grecia, real como la vida misma es que estamos en el vagón de cola, en ése en el que ya está instalado el país heleno y en el que podemos entrar con Portugal e Irlanda si no se toman medidas drásticas de reducción del déficit y se realizan reformas que convenzan a los mercados, alejen la especulación y con ello los riesgos de contagio de una crisis «a la griega», la que ha costado a España casi 10.000 millones de los 110.000 millones que han tenido que prestar la Eurozona y el FMI a Grecia.
Desde luego que España no es Grecia, que nuestro país no ha maquillado las cuentas públicas y que en porcentaje del PIB, la deuda griega (113% del PIB) es el doble que la española, aunque si se habla en términos absolutos, la situación cambia porque nuestra deuda supone más del doble que la griega. En menos de un año, España tendrá que refinanciar más de 500.000 millones de euros y nuestra situación económica y, sobre todo, la credibilidad como economía, no es la más idónea. Nuestro país necesita financiación para hacer frente a los vencimientos y los inversores que nos financian exigen medidas solventes, creíbles, que impliquen un recorte efectivo del gasto público; no vale con buenas intenciones.
Fuente: Abc.es